¿Ganas de llegar? pero si ya llegué, ya estoy completo, mi cuerpo funciona bien. Respiro. Estoy vivo. Y bueno, tardé un poco en darme cuenta pero creo que - mejor tarde que nunca - eso merece, no digo una celebración, pero por lo menos una exclamación: ¡lo logramos flaco, nos conseguimos una existencia!
Claro, es que uno está tan acostumbrado a despertarse todos los días - incontables días: tanto es que para escaparnos del susto que ese dato puede llegar a darnos, vamos contando en paquetes de 365 a la vez - todos esos días encontrándose con esa mezcla inconfundible de pensamientos, olores, calores, y colores tan inexplicablemente familiar y al mismo tiempo asombrosamente ignorados, que se nos hace difícil darnos cuenta de que todo eso antes no estaba o, mejor dicho, no era y - lo siento flaco pero, toma - un día ya no será.
Ya está, ya llegaste, ya estás. Y sí, de las dos una: o uno nunca para de moverse - y consecuentemente nunca llega - o en realidad uno nunca salió, nunca sale, nunca saldrá de donde se es. Ahí te quedas y ya está.




















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