quarta-feira, 6 de agosto de 2008

ay que me meo

Unas grandes e insistentes ganas de llegar. Ultimamente me estuve dando cuenta de eso, de que estoy muy freqüentemente invadido por esa sensacion, como de tener que llegar. Como de tener que mear pero sin necesidad, pero si acabo de salir del baño, ¿que voy a mear de nuevo? Al pedo.

¿Ganas de llegar? pero si ya llegué, ya estoy completo, mi cuerpo funciona bien. Respiro. Estoy vivo. Y bueno, tardé un poco en darme cuenta pero creo que - mejor tarde que nunca - eso merece, no digo una celebración, pero por lo menos una exclamación: ¡lo logramos flaco, nos conseguimos una existencia!

Claro, es que uno está tan acostumbrado a despertarse todos los días - incontables días: tanto es que para escaparnos del susto que ese dato puede llegar a darnos, vamos contando en paquetes de 365 a la vez - todos esos días encontrándose con esa mezcla inconfundible de pensamientos, olores, calores, y colores tan inexplicablemente familiar y al mismo tiempo asombrosamente ignorados, que se nos hace difícil darnos cuenta de que todo eso antes no estaba o, mejor dicho, no era y - lo siento flaco pero, toma - un día ya no será.

Ya está, ya llegaste, ya estás. Y sí, de las dos una: o uno nunca para de moverse - y consecuentemente nunca llega - o en realidad uno nunca salió, nunca sale, nunca saldrá de donde se es. Ahí te quedas y ya está.

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